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Temas en debate

Hoy, como ayer, la restricción externa

Analizando la crisis de las últimas semanas, la nota editorial de la edición N249 (online) de nuestra revista destaca que “por sobre corridas contra el peso, colosales transferencias de ingresos, tasas de interés que inducen al vértigo o cualquier tipo de convulsión en el mercado interno,la figura más sombría e insoslayable fue y sigue siendo la restricción externa”.

En un mundo en el que algunos extraviados creen que la tierra es plana es lícito argumentar que la suba del dólar no impactará en los precios, que el alza de tarifas ayudará a doblegar la inflación, que los contenedores llenos de bienes importados robustecen nuestras producciones, que la desocupación o la precarización del empleo es el camino a la pobreza cero, o que los paraísos fiscales son una caja de seguridad en la que protegen sus caudales los personajes más honestos del planeta.

Bajo el paraguas de la posverdad, que es una herramienta excelente para interpretar tanto el pensamiento actual como el medioeval, se robustecen opiniones y emociones en pos de una “veracidad “que sólo sirve para disfrazar lo que ocurre. Y ¿qué podría suceder si los medios de comunicación muestran fallas y la realidad llegara a colarse en ese sistema de creencias? Los individuos, es probable, se verían obligados a elegir entre transformarse en mártires capaces de inimaginables sacrificios para mantener sus convicciones o asumir algún tipo de rebeldía para, con desigual grado de competencia, ajustar la relación entre lo que les pasa, lo que habrían querido que les pase y lo que le dicen que les está pasando.

Al primer grupo, es seguro, pertenecen los que confían en la reiterada promesa oficial que en el segundo semestre todo irá mejor. No ocurrió en 2016, tampoco en 2017, pero ocurrirá en 2018 a despecho de corridas, tropezones, derrumbes y desoladores pedidos de ayuda al Fondo Monetario Internacional que ,Grecia como espejo, se habría transformado en la versión masculina de la madre Teresa de Calcuta. El segundo grupo amontona personas de diferente origen político (también a los que dicen y creen en el “yo en política no me meto”) que con civilizada paciencia tratan de sobrevivir, adaptándose cada vez menos, a cambios que están muy lejos de los prometidos en gozosas y amarillas campañas proselitistas.

Tan rápida como efectiva, la administración del presidente Macri abrió varios, largos y profundos frentes de deuda, tanto externos como internos, en una alegre lectura de la oferta financiera internacional que, según se alertó, se desaceleraría hasta desaparecer. Transcurrido el tiempo y mientras los grifos se van cerrando, el actual nivel de endeudamiento llega a los 132.969 millones de dólares como parte (y solo parte) de la sutil herencia que recibirá el nuevo gobierno y las generaciones que nos siguen. Es que en los últimos dos años Argentina -que aumentó su deuda en 55 mil millones de dólares- es el país en vías de desarrollo que más se hipotecó en todo el mundo Hacer frente a esa deuda contraída en un alto porcentaje para fugar capitales que en 2017 sumaron 22.148 millones de dólares es algo más que difícil para un país cuyo Banco Central no imprime dólares y ve crecer su déficit comercial con displicencia adolescente.

Desde otro costado y de acuerdo a ortodoxas estimaciones, el déficit financiero, se elevaría a 7,1 por ciento del PIB mientras la balanza comercial, visiblemente deficitaria, sigue trepando sobre el rojo del 2017, el peor en más de 20 años, estimado en 8.472 millones de dólares.

La deconstrucción de la competitividad industrial, ese combo de sequía e inundaciones que golpea a la producción agropecuaria y repercutirá sobre las exportaciones del sector primario, un flujo de importaciones que inunda el mercado interno e inutiliza gran parte de la producción local sumado a la política comercial que lleva adelante la primera potencia mundial descoloca a la Argentina productiva. Y así como no alcanzan los limones o los permisos benévolos para cupos de acero o de aluminio, tampoco es aceptable que se lleven adelante negociaciones con un alto nivel de secretismo entre el espacio Mercosur y la Unión Europea.

El escenario en el que desarrollan su día a día los ciudadanos es, arriada toda bandería, ciertamente complejo. Lo es para el empresario industrial tanto como para el agropecuario, en especial mediano o pequeño, sin importar el lugar de enclave en el que algunas producciones resisten, pero pocas prosperan.

Las grandes agrupaciones empresarias (o la CGT) podrán declamar apoyos a políticas que intentan transformaciones socialmente regresivas, pero si las mayorías no las consienten será difícil sostenerlas sin una manifiesta y creciente conflictividad.

Los asalariados en relación de dependencia privada o estatal, los profesionales, los cuentapropistas, los científicos, los jubilados, no hay grupo laboral ni etario libre del temor de enfrentar la subsistencia simple y llana en una economía ceñida por un proceso inflacionario aguijoneado por tarifas en alza, salarios bajando la cuesta y el fantasma de la desocupación agitando sus polleras en la entrada de ministerios, fábricas, laboratorios y comercios.

Muy endeudada, con un nivel muy bajo de inversión ( menor al 17% del PBI) y un programa de cambios económico-sociales crecientemente resistido, la incertidumbre, que debió haberse despejado tras dos largos años de gobierno, se hizo más oscura y densa.

Por sobre corridas contra el peso, colosales transferencias de ingresos, tasas de interés que inducen al vértigo o cualquier tipo de convulsión en el mercado interno la figura más sombría e insoslayable de nuestra economía fue y sigue siendo la restricción externa.

En mayo de 1978 decíamos “como las prendas de vestir los esquemas económicos cierran o dejan partes del cuerpo al descubierto. Cuanto más chico el esquema y por consiguiente fuera de medida, más notorio el desnudo”.

La historia nunca se repite y, sin dudas, las circunstancias no son idénticas pero, en esencia, el modelo económico en el que se insiste para Argentina – y gran parte de nuestra América- es básicamente el mismo que en el pasado no cerró y en el presente no cierra.

En las series estadísticas que se encuentran a continuación y dejando que los números reemplacen a las palabras, damos cuenta que, como lo expresara el presidente Macri en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, “el crecimiento invisible sucedió”. De eso trata la posverdad.

IRENE NASELLI

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