Ir a la página principal
Secciones
Miércoles 21 de Noviembre, 2018
Reportajes

El código Varotto

Si algo caracteriza una conversación con el doctor Conrado Varotto – una figura insigne del Gotha de la Ciencia y la Tecnología- es el entusiasmo con que expresa sus ideas. Por momentos ese entusiasmo es vecino a la alegría, pero en otros se parece a la vehemencia y, entonces, uno no puede dejar de imaginarlo como oponente en una negociación. Director Ejecutivo y Técnico de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales -CONAE-, una institución emblemática del sistema de investigación y desarrollo local, Conrado Varotto es famoso por su talento, su poder de concentración y su ejecutividad.

ImagenConrado Varotto
– Usted corporiza uno de los ejemplos más exitosos en la vinculación entre el sistema científico-tecnológico y el mundo de los negocios ¿cómo lo hizo?.

– ¿Quién le contó ese cuento?, (contesta risueño, a modo de respuesta).

– Bueno, la gente habla ... y quizás INVAP o CONAE no son puro cuento.

– (vuelve a sonreír, hace un breve silencio y dice:) Mire, en la economía clásica los factores de la producción eran la tierra, el capital y el trabajo, al conocimiento no se lo consideraba relevante. Pero las cosas han cambiado y, en la actualidad, el conocimiento es registrado como esencial para el crecimiento y el bienestar de las sociedades. Este es un tema que a mi me preocupó desde chico y, por suerte y en diferentes circunstancias pude –en realidad pudimos– demostrar que esto es así, que no hay desarrollo sin conocimiento. Y digo pudimos porque nada o muy poco puede hacerse en solitario y porque había muchos más que pensaban como yo. Si usted observa lo que sucede hoy verá que la importancia del conocimiento empezó a incorporarse a nuestra cultura.

– Pero cuando usted empezó esta no era una idea instalada.

– Cuando yo empecé había mucha confusión aquí y en muchas partes del mundo.

Quizás sin darnos cuenta, nuestras conductas se regían por un doble estándar: si un país mandaba un cohete a la luna había quienes se preguntaban por qué la Argentina no lo hacía pero, al mismo tiempo, se cuestionaba que la plata gastada en ese proyecto no fuera utilizada para socorrer a los más pobres. En la actualidad, ese tipo de razonamiento perdió validez. Y creo que este proceso se dio porque los medios de información han cambiado.

– Creo que los medios reflejan ideas u opiniones y, quizás, hasta las impulsan, pero debe haber habido algo –o mucho más– para que empezaran a darle importancia al conocimiento.

– Puede ser, pero cuando los medios de información comenzaron a darse cuenta de la vinculación inflexible entre el crecimiento de los países y la incorporación del conocimiento en sus matrices productivas, trasladaron esta idea a la sociedad en su conjunto y ahora son muchos mas los que conocen y comparten esta postura. Pienso que los científicos comunicamos un poco mejor nuestras ideas –aunque no llegamos a ser Sábato (Jorge) que entusiasmaba a todos los que lo escuchaban– y que hay un gran cambio en los formadores de opinión.

–¿También en nuestro país?.

– Respecto a 20 años atrás el cambio ha sido formidable. Creo que en nuestro país se ha superado aquello que yo llamaba el gran deporte nacional: si algo no anda es por culpa de lo que anda y si algo anda, seguro que podría haber sido hecho diferente y mejor, por lo que es mejor suspenderlo. A principios del siglo XX, la Argentina fue el país con la tasa de crecimiento más alta del mundo, que es la causa por la que atrajo a tantos inmigrantes. Pero después la tendencia cambió y creo que el factor relevante fue que no supimos darle al conocimiento el mismo valor que tuvo para las sociedades que lo promovieron y lograron tomar la delantera. No creo que un país cometa errores durante 60 años a propósito, creo que lo que nos ocurrió es que no comprendimos la importancia de este fenómeno. Siempre doy como ejemplo de crecimiento a Finlandia, un país joven que se independiza recién en 1918, que tuvo que soportar condiciones durísimas durante la guerra y post guerra y que, cuando decide su estrategia de desarrollo, lo hace apostando a la alta tecnología. Hoy exhibe un producto per cápita y un índice de desarrollo humano de los más altos del mundo.

– En la actual administración y respecto a administraciones anteriores, ¿los cambios han sido cuali o cuantitativos?.

– Diría que primero cuali y después cuantitativos. Hay una visión mas amplia y una comprensión más ajustada de la importancia de la ciencia en el desarrollo de las naciones. Hay que recordar que en nuestro país el fenómeno científico no es nuevo, Sarmiento fundó el Observatorio de Córdoba en el siglo XIX , podemos hablar de una Academia de Ciencias añosa y de buenas escuelas de Física vigentes desde hace muchos años. A mi entender, el cambio más significativo se da por el nuevo posicionamiento de los medios de comunicación que transmiten a la sociedad esta información y crean una nueva conciencia.

–¿Puede contarme, en forma breve, las historias de INVAP y de CONAE?.

– INVAP es una empresa de tecnología. La primer pregunta es ¿para qué estudiamos y por qué hacemos investigaciones en Física?, ¿cuál es el objetivo?. Si usted retrocede 40 años encuentra una concepción de la ciencia muy influida por un informe que escribió en 1947 un señor llamado Bush – que no está relacionado con el Bush actual– y que era asesor científico del entonces presidente de los Estados Unidos. ¿Qué dice aquel Bush en ese informe?, que hay que darle carta blanca al desarrollo científico porque los logros que se obtengan redundarán en beneficio de todos.. El tal Bush pensaba en un efecto de ducha (shower), es decir en consentir que los recursos empaparan toda el área, propuesta pensada para un país de recursos casi ilimitados. En la Argentina , y en muchos otros países, ese concepto fue copiado sin tener en cuenta que la realidad económica era otra. Entonces ¿qué pasó?, que el esfuerzo se puso en mandar gente a los laboratorios del exterior que aceptaban a nuestros becarios. Así, dos o tres de los nuestros desembarcaban en un mundo en el que una enorme cantidad de estudiosos experimentaban en 1.000 temas para los que había, para cada uno, una disponibilidad de 1.000 millones de dólares. Cuando los muchachos volvían se encontraban con que aquí eran sólo dos personas que tenían dos pesos cada una para seguir con el desarrollo de sus cuestiones. Es decir, la miseria. Llevó mucho tiempo remontar esta práctica, siempre aparecía algún iluminado que predicaba: “Ciencia pura para nada, sólo hay que hacer lo que tiene impacto inmediato en la sociedad”. Pero después alguien que creía serla suma del conocimiento decía “Sólo ciencia pura, después se verá”. Y estas discusiones, realmente sin sentido, nos hicieron perder mucho tiempo y mucho esfuerzo.

–¿Cómo influyó todo eso en las decisiones que tomaron?.

– Nosotros estábamos en un ámbito muy especial donde si bien existían esas ideas dramáticas de hacer sólo ciencia, también crecía la conciencia de que había que apuntar a algunos temas, es decir éramos dramáticos pero no tontos.

Yo venía de Stanford muy impactado porque en el campus de la universidad tenían sus sedes grandes empresas norteamericanas que habían nacido allí. Y tenga en cuenta que en esa época nadie hablaba de incubadora de empresas, esa teoría surgió después. Así que cuando volvimos, convencidos que podía establecerse un vínculo entre el laboratorios y el mundo de los negocios, nos propusimos hacer lo propio en el Centro Atómico Bariloche donde esa relación existía en estado embrionario, porque el objetivo era hacer centrales nucleares. La mayor parte de nosotros trabajábamos en física de los materiales.

–Y así surge INVAP.

– Y así fundamos Investigaciones Aplicadas que nos permitió saber que, a contrapelo de lo que ocurría en otras partes del mundo, en el país no había una empresa de tecnología, es decir una empresa cuyo producto es la tecnología aplicada a cualquier problema que alguien traiga y que seamos capaces de resolver. Pero nuestra idea era -y es- que lo importante no consistía en resolver el problema puntual, sino en montar la capacidad que nos permitiera ir más allá. Concebimos la empresa con esta filosofía y nos encargamos de temas tremendamente importantes, como el enriquecimiento de uranio. Por supuesto que la historia no es lineal y que hubo momentos dificultosos. Pero también es cierto que, superados los problemas y a medida que INVAP avanza, en otros lugares se toma conciencia de la importancia de relacionar el ámbito académico con los circuitos económicos del país.

INVAP se funda en 1976 y, si usted se fija, a partir de ese momento hay leyes de innovación tecnológica; existe la obligación de fijar una partida para Ciencia y Tecnología en el Presupuesto Nacional; hay comisiones de ciencia y tecnología en el Parlamento, y muchas universidades están incubando empresas que aún no tienen envergadura, pero que van a crecer. ¿Qué quiere decir todo esto?, que el fenómeno tuvo efecto, que la experiencia puede reproducirse.

La CONAE, (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) es al ámbito espaciales lo que CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) al nuclear. Es decir, el país manifiesta que lo espacial es de interés nacional y que las acciones que se siguen para su desarrollo son políticas de estado, porque se comprende que la continuidad es un imperativo. La resultante es que poco tiempo después, en el campo de la observación terrestre, los satélites diseñados en Argentina son número 1. Hoy nosotros estamos haciendo satélites que no se hacen en ningún país del mundo.

–¿Quién diseña el plan?.

– Fueron personas formadas en Bariloche que estaban en la Cancillería. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales, es el primer ente civil argentino con características de Agencia Espacial, que funciona en el ámbito del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, para utilizar la ciencia y tecnología espacial con fines pacíficos Ya aquí, toda la energía fue puesta en la aprobación del Plan Espacial Nacional, cuya sanción logramos en noviembre de ese mismo año. La actividad espacial argentinas se desarrolla según el citado plan, previsto a once años, aprobado por Decreto 2076/94, que se inicia en 1995 y es revisado cada dos años. Hoy está vigente el 1997- 2008 y está por aprobarse la versión 2004- 2015, pero lo interesante es que en cada revisión se respetan los fundamentos y se corrige o se añaden los avances tecnológicos ocurridos durante el período. Esta administración y este es un hecho que quiero destacar, ha solicitado que el uso de la información espacial sea masivo por parte de la población argentina.

–¿Qué quiere decir “información espacial de uso masivo”?.

– Tenemos siete años para llevar adelante esta propuesta que consiste en que 2 millones de chicos de entre 8 y 16 años aprendan a manejar información espacial no sólo en la escuela, sino en sus actividades diarias. Lo que se pretende es que el aprendizaje y el uso de estos conocimientos sea igual al de aprender y usar el propio idioma. Ya hemos hecho algún ensayo con alumnos de todas las clases sociales y de distintas escuelas y puedo decirle que el hambre, subrayo, el hambre que hay en estos chicos sobre estos temas es inimaginable. Ahora estamos ocupados en formar a los formadores, para que los resultados de nuestras investigaciones caiga como lluvia en especial sobre los más chiquitos que son como esponjas. Si este programa tiene éxito, entonces dentro de 20 años estos chicos serán los padres que formarán a las nuevas generaciones.

– Es un proyecto sorprendente, ¿lo llevan adelante solos?.

– No, hay un plan piloto que sentará las bases para el plan definitivo. En el proyecto interviene el ministerio de Educación; el ministerio de Economía y Producción, a través de un par de secretarías y la CONAE que, a través del Plan Espacial, pone de manifiesto la importancia de todo el sistema científico- tecnológico.

–¿En que consiste el Plan Espacial?.

– El Plan Espacial Nacional se centra en la obtención de datos sobre nuestro territorio, tanto continental como marítimo, que se generan desde el espacio con el objeto de optimizar determinadas áreas de la actividad socio económicas del país, Todos los proyectos que se ejecutan se realizan con el objetivo de colocar a la Argentina en posiciones de liderazgo a nivel mundial. Ya se lanzaron tres satélites nacionales: el SAC-B (astronómico), el SAC-A (validación tecnológica) y el SAC-C (observación de la Tierra). Ya se está trabajando en el SAC-D, para estudios de la salinidad del mar y en el SAOCOM, que es el primer satélite de tecnología radar de la Argentina. Un logro muy importante fue la puesta en órbita del SAC-C, en noviembre de 2000, que tiene la misión de monitorear el medio ambiente. Estos desarrollos han permitido que, desde nuestro país, miremos lo que queremos y cuando lo necesitamos, para obtener información sobre hidrología, cultivos, forestación, minería o estudios de contaminación de aguas.

– Entiendo que, en la mayoría de los casos, se busca la cooperación internacional.

– Es fundamental. Por medio de la cooperación internacional asociativa nuestro país consigue socios para ejecutar las distintas misiones satelitales y ha logrado que los aportes extra-presupuestarios provenientes de los socios sea superior al 50% del costo de la actividad espacial para nuestro país. Los principales socios de la CONAE son las agencias y entes espaciales de los Estados Unidos, Europa, Italia, Francia, Alemania, Canadá, Brasil, Bélgica, Dinamarca y Ucrania. Hay que destacar la cooperación asociativa con la NASA de los Estados Unidos, socio principal en las tres misiones satelitales SAC-A, SAC-B y SAC-C argentinas, ya puestas en órbita. En todos los casos la CONAE proveyó la plataforma satelital e instrumentos propios y la NASA suministró instrumentos y el lanzamiento.

El SAC-C que contó además con socios como Italia, Francia, Brasil y Dinamarca, conforma actualmente –junto con los tres satélites de NASA– Landsat 7, Terra y EO 1- la primera constelación satelital para la observación de la Tierra en la historia de la tecnología espacial.

La próxima misión satelital conjunta NASA-CONAE, fue elegida en un concurso en el que participaron 18 proyectos presentados por centros espaciales de la NASA, las universidades mas importantes de los Estados Unidos y empresas de ese país. Ese proyecto conforma lo que ellos llaman “misiones pathfinder” y recibirá inversiones que rondan los 200 millones de dólares.

–¿ En que consiste la superconstelación satelital?

– El Sistema Italo–Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE) constará de 6 satélites, 4 de ellos y dos nuestros, que podrán ser operados desde Italia o desde Córdoba y que integrarán sensores de las bandas L –con una resolución de 10 metros– y de la banda X –cuya resolución podrá llegar al metro y medio– para obtener datos de ambas frecuencias en tiempo real. Recientemente estuvo aquí el profesor Sergio Vetrella, titular de la Agencia Espacial Italiana (ASI) con el que firmamos acuerdos que nos permiten afianzar la cooperación establecida entre nuestros países una década atrás.

Los satélites argentinos están diseñados para abordar, entre otras, la problemática de nuestras inundaciones. Conceptualmente, lo que nos importa es desarrollar al máximo la capacidad anticipatoria, la alerta temprana: la filosofía es: anunciamos que está por ocurrir un fenómeno, sepámoslo y, si fuera posible, tratemos de evitarlo.

– Usted decía que la CONAE pone de manifiesto la importancia de todo el sistema científico tecnológico local, ¿cómo lo hace?.

– Mas de 80 universidades, entes y organismos oficiales y empresas nacionales participan en los proyectos y actividades del Plan Espacial Nacional. Por otra parte, hay numerosos profesionales y técnicos trabajando en más de 200 proyectos que utilizan imágenes del SAC-C para sus investigaciones. Mire, este es un programa que puede cambiarle el rostro al país, el Plan espacial tiene la capacidad de hacer realidad esa Argentina año verde de la que siempre hablamos en potencial.

– En un país como el nuestro ¿puede desarrollarse el sistema de investigación y desarrollo sin el apoyo del Estado?

– Difícil, casi imposible. En Italia la importancia de las pequeñas y medianas empresas en la conformación del PBI es sustantiva y aquí también. Al contrario de lo que sucede con las grandes corporaciones, los PyMES, aquí y allá, no saben ni tienen los medios necesarios para organizar y mantener laboratorios.

Y si es cierto que el conocimiento es fundamental para el desarrollo de los países –y lo es– los estados nacionales deben poner este conocimiento a disposición de los operadores económicos.

Quisiera comentarle un hecho que puede ser interesante para los lectores de Informe Industrial: hace un par de años el gobierno italiano organizó un seminario en el que participaron sus más altos funcionarios, incluido el presidente de la República, y una centena de profesionales de la ciencia y la tecnología que desarrollábamos nuestras carreras en el exterior. Allí se dijo que Italia estaba inserta en la sociedad del conocimiento pero que existía el temor de que perdiera el tren. ¿Cuál es su opinión?, nos preguntaron y, enseguida, nos dieron un alerta: “Y no nos vengan con eso de la fuga de cerebros, porque a nosotros no nos importa que los italianos se vayan, lo que nos preocupa es saber porque los extranjeros no vienen?” . La otra cuestión que me interesó muchísimo es el posicionamiento de Italia frente al gasto de CyT versus otros países de la Comunidad Europea. Sumado el componente estatal, Italia invierte en CyT por encima de la media europea y esto es así por el tamaño de las empresas que conforman su entramado industrial. Las grandes empresas anexan sus inversiones en IyD a costos y los descargan impositivamente, las PyMES no. Y esto tienen que entenderlo todos los que predican que la inversión en CyT en nuestro país es baja –que lo es– que el Estado pone poco –cierto– pero que los empresarios ponen menos; es claro que ocurre así porque nosotros también tenemos una economía donde el universo PyME está muy extendido. Y los empresarios de este sector no tienen vocación ni medios para producir conocimiento, pero sí para usarlo. Y es aquí adonde debemos apuntar, no a un mayor aporte de las empresas sino a una mayor vocación estatal. En economías como las nuestras es el Estado el que debe apoyar al área de ciencia y técnica, objetivo que puede cumplir de mil formas – directa o indirecta– pero teniendo especial cuidado en la fiscalización de los recursos invertidos. Este punto me parece esencial.

– Dadas las limitaciones presupuestarias, ¿en qué áreas considera que la Argentina debería invertir recursos?.

– En biotecnología, en software, en el desarrollo de nuevos materiales ...

este es un país con recursos humanos extraordinarios. A lo largo de mi vida, yo me propuse llevar adelante proyectos muy complicados. Y siempre encontré gente extraordinaria con quienes pude hacerlo. Lo mismo ocurre con la más estricta limitación de recursos, el argentino siempre se las arregla para seguir adelante con muy poco. Si se hiciera una encuesta sobre cual es el país con mayor capacidad de inventiva del planeta, posiblemente se designe a Italia. Pero no sé, aquí en la Argentina se han hecho cosas asombrosas en base a talento y originalidad.

– También hemos sido muy hábiles en cometer errores.

– Sin dudas, y uno de los mayores ¿sabe cual es?, el congelamiento de vacantes en los organismos del Estado, recientemente superado en el área de ciencia y técnica. Si se quiere ahorrar recursos deben buscarse otros métodos, porque congelar supone aumentar la edad promedio en las plantas y desconocer la importancia de traer ideas nuevas. La juventud sin experiencia puede ser irresponsable, pero la experiencia sin juventud es anquilosamiento y no hay nada más opuesto al progreso.

Reportaje de Irene Naselli


Ir al principio de la nota