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Política industrial

Industria metalúrgica: de estrategias empresarias y políticas públicas

Los equipos técnicos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la Republica Argentina (ADIMRA) han realizado varios trabajos que tienen como objetivo aportar ideas y propuestas para el diseño de un plan estratégico sectorial que contemple los desafíos de corto y largo plazo. Entre ellos, una encuesta a 250 empresas de distintos tamaños, actividades y provincias. En esta nota, el director de Estudios Económicos de la entidad empresaria, licenciado Fernando Grasso, analiza experiencias internacionales de procesos de industrialización y el rol de la industria metalúrgica en el desarrollo económico y comenta las principales conclusiones de la encuesta.

ImagenGráfico de principales dificultades para exportar y de principales fuentes de financiamiento
Las diversas experiencias de desarrollo capitalista en el mundo, cualquiera sea la dotación relativa de recursos productivos al inicio de dicho proceso, han tenido un mismo denominador común: la industrialización de sus economías.

Tanto Japón como Gran Bretaña –países “pobres” en recursos naturales– como los Estados Unidos y Australia, con grandes dotaciones de tierras cultivables y otros recursos naturales, lograron alcanzar los mejores niveles de ingreso a través del desarrollo de la industria y su consecuente posicionamiento en la división internacional del trabajo. En los países que disponían de abundantes materias primas en relación a su población, por diversos factores políticos y económicos, generalmente esto operó como una restricción al desarrollo al principio pero luego lo potenció, una vez alcanzado el estadio mínimo de industrialización. En estos casos lucía a priori más sencillo en comparación al resto porque existía la generación de recursos para financiar determinada empresa, sin la necesidad de generar mecanismos alternativos –muchas veces bélicos– más allá de las fronteras. No obstante, en todos los casos el pasaje de economías periféricas (subdesarrolladas) a centrales (desarrolladas) implicó una decisiónpolítica y social explícita de defensa y expansión del mercado interno y de la industria nacional.

Ello requirió una fuerte intervención del Estado en ese sentido, combinando una minuciosa ingeniería de protección, promoción y planificación en el tiempo de la industria y de todos los sectores productivos, articulándolos en torno a un objetivo común: la generación de valor agregado local. Como señalan diversos autores, todos los países hoy desarrollados han aplicado inexorablemente la práctica de “patear la escalera”, protegiendo a sus industrias hasta que éstas fueran competitivas internacionalmente para luego pregonar al mundo políticas de libre mercado, inhibiendo los procesos de desarrollo en otros países. En la Argentina, la historia ha dejado una suma considerable de experiencias erróneas -contrarias a la industrialización- y otro tanto de proyectos orientados en esta dirección pero por diversos motivos incompletos y/o insuficientes, estando aún hoy vigente la necesidad de avanzar en estos esquemas pro-desarrollo, profundizando las condiciones que estuvieron presentes en el ciclo que se inició a partir de 2002/2003 y que se manifestaron de manera positiva en la recuperación de la industria.

En este pasaje, entonces, no son irrelevantes los procesos de agregación de valor inmersos en las distintas actividades económicas en términos de empleo, conocimiento, innovación, tecnología y tampoco lo es la forma en que éstos son internalizados en toda la estructura productiva local, dándoles una lógica endógena al crecimiento. No es lo mismo importar un bien de capital para extraer, por ejemplo, un recurso minero para luego exportarlo que integrar todo este proceso al interior de las cadenas de valor locales. En elprimer caso el resultado final (entre otros) es simplemente la obtención de una renta, mientras que en el segundo el resultado es la generación de empleo calificado, la aplicación de conocimiento y tecnología volcada a la producción, activando laacumulación de la experiencia (tecnología) y, lógicamente, la generación de una renta pero mucho mayor a la primera, ampliando el tamaño del mercado interno.

Partiendo de estos conceptos fundamentales, la industria metalúrgica –que integra la siderurgia con la metalmecánica, la electromecánica y la electrónica- tiene un rol central para el desarrollo económico, debido a su articulación con el resto de la economía, su alto contenido tecnológico y de valor agregado. Es por ello que en los países desarrollados (y en los de reciente desarrollo con mayor intensidad) el sector representa más del 40% de sus exportaciones, mientras que en la Argentina esta relación no alcanza al 10% y representa casi el 65% del déficit comercial en productos industriales.

Aún así, es la industria más generadora de mano de obra y con mayor valor agregado en relación a su valor bruto de producción. Por lo tanto, cualquier estrategia de desarrollo sustentable debe tener un pilar importante en la industriametalúrgica.

Bajo esta premisa, en los últimos meses la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) realizó, conjuntamente con la Universidad Nacional de General Sarmiento, un estudio de campo que implicó la visita a250 empresas del sector. El relevamiento permitió arribar a un diagnóstico profundo sobre los aspectos que hacen a su competitividad e identificar las principales áreas de demanda de políticas públicas para su crecimiento. El objetivo central del análisis es el diseño de un plan estratégico sectorial que contemple tanto los desafíos de corto como los de largo plazo, a efectos de articular la acción de las empresas con una agenda pública para el desarrollo.

De diagnósticos y modelos

La industria metalúrgica argentina está compuesta, fundamentalmente, por pequeñas y medianas empresas de capital nacional con una importante trayectoria en el mercado y cuya estructura de compras está muy concentrada en pocas firmas proveedoras. El nivel de los recursos humanos que emplean es elevado e inclusive una parte no menor de los titulares son universitarios. En los últimos cinco años sus principales estrategias han combinado la atención privilegiada del mercado interno con la realización de apuestas importantes a la actividad exportadora, encontrándose la mayoría en una etapa embrionaria de internacionalización pero constituyendo una masa crítica no desdeñable para trabajar en este sentido.

Las principales estrategias de las empresas han estado focalizadas en la diferenciación respecto de la competencia (en base a calidad y diseño) y, en menor medida, en la segmentación de mercados, la diversificación de productos y la oferta de productos innovadores. Peroel grado de efectividad alcanzado ha sido limitado, especialmente en el caso de aquellas que han realizado esfuerzos para exportar y en el campo de la innovación de producto, no sólo en términos de patentamiento, sino también en la incidencia de los nuevos productos sobre las ventas. Al respecto cabe señalar que se trata de un sector que compite libremente en mercados altamente complejos, con presencia de empresas multinacionales y radicadas en países industrialmente desarrollados, tanto anivel nacional como internacional, lo cual en gran parte explica la obtención de resultados parciales en esta materia.

A nivel tecnológico las empresas han buscado equiparse para ganar calidad y productividad, desarrollar y lanzar nuevos productos,ampliar la capacidad productiva, introducir herramientas de mejora continua y gestión de la calidad y, en menor medida, favorecer el desarrollo de proveedores e incrementar los niveles de tercerización, logrando resultados parciales. El uso de los programas de política destinadas a reforzar su competitividad, promover la innovación o fomentar la exportación no ha sido elevado, en particular por la dificultad para acceder a sus beneficios.

En este contexto, los esfuerzos empresariales se desarrollaron dentro de los límites impuestos por la percepción sobre la carencia de horizontes de estabilidad de largo plazo y por la necesidad de autofinanciarse. Aún así, numerosas empresas invirtieron montos que representaron porcentajes mayoritarios de sus utilidades, y lo hicieron con el propósito de aprovechar, por diversas vías, las oportunidades de negocio que aparecieron desde la salida de la convertibilidad pero que impusieron los límites propios a la estructura productiva de la Argentina. Las empresas se enfrentan con obstáculos y restricciones externos tanto como internos a las firmas. En la agenda identificada por los industriales metalúrgicos predominan los primeros (inestabilidad económica, falta de protección, de financiamiento y de oferta de recursos humanos calificados, incrementos de costos laborales, de servicios y de insumos siderúrgicos, entre otros).

Por otra parte, desde la perspectiva de las empresas los esfuerzos estratégicos que vienen realizando han sido sin dudas importantes; sin embargo, es preciso señalar que sus iniciativas no implicaron, por lo general, una transformación radical. En este sentido, es muy posible que para avanzar hacia procesos más profundos de cambio estratégico y de modelo empresarial – por ejemplo más agresivo a nivel exportador, más innovador, más articulado en torno a cadenas de valor basadas en la especialización productiva- sea necesario contar con horizontes más largos de estabilidad y crecimiento económico y con políticas industriales más activas, efectivas y eficientes, que logren movilizar a los empresarios en torno a agendas estratégicas más ambiciosas y que contribuyan a que su implementación sea más exitosa.

La mayoría de los industriales consultados se manifestaron en favor de la existencia de políticas públicas que apoyen a las empresas del sector, que le permitan desplegar de manera más efectiva sus principales proyectos estratégicos y para que puedan superar sus problemas más importantes. Esto es muy relevante debido a que indica la existencia de una plataforma de creencias y convicciones empresariales favorables para construir lazos de confianza con las instituciones que deben llevar adelante estas políticas.

Las principales demandas apuntan a contar con apoyo para invertir y mejorar la productividad, ampliar la capacidad productiva y conquistar nuevos mercados, en especial del exterior, pero sin descuidar la defensa del mercado interno, eje central de sus estrategias de crecimiento. Los obstáculos a la exportación identificados por las empresas podrían, inclusive, amenazar los avances embrionarios alcanzados hasta el presente en este campo. Ellos se refieren a la dificultad que enfrentan para ofrecer cotizaciones de precios competitivos y, en menor medida, para financiar sus exportaciones.

En este sentido, los resultados del estudio sugieren que es preciso conformar mesas de trabajo sectoriales que articulen las diversas áreas del Estado con los principales actores de toda la cadena de producción, ampliando los programas existentes y facilitando su acceso -incluyendo acciones de enlace institucional con las entidades empresariales locales para bajar los costos de entrada de las empresas a los programas-,fortaleciendo la integración de proveedores locales y estableciendo condiciones favorables de abastecimiento, financiamiento y apoyo estructural para el crecimiento, tanto en el mercado interno como en los mercados externos.

Esta articulación entre la acción pública y la privada debe estar enmarcada, como señalamos antes, en un conjunto de políticas de Estado favorables al desarrollo industrial, constituyendo una compleja praxis de seguimiento, evaluación y redefinición de las intervenciones realizadas y los objetivos planteados, conformando una acción permanente pero no por ello eterna. En otros términos, se trata de pasar de una “economía de la renta” a una “economía del desarrollo”.


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